Ciencia Política


De qué hablamos cuando hablamos de Ciencia Política
Desde Proyecto Sur y El MATE seguimos insistiendo en tener una visión crítica de la carrera que estamos cursando. Es nuestra tarea como estudiantes dar un debate profundo, entendiendo que lo que está en juego es nuestro futuro y el de nuevas generaciones. Somos parte de una carrera que, anclada en el pensamiento neoinstitucionalista, se mantiene en las penumbras cuando de tener una voz pública para los grandes debates del país y realizar sesiones se trata.

Con la unidad como bandera, nuestra intención es plantear la discusión en un sentido amplio, que nos contenga a todos aquellos que día a día discutimos la triste realidad de una carrera que, gracias a la miopía política de muchos, las prácticas espurias de su actual dirección y a las deficiencias estructurales que tiene, no puede ver más allá de sus propias narices.
“Ah…¿Vas a ser político?”
Si queremos buscar algo que todos los estudiantes de Ciencia Política tengamos en común, probablemente encontremos esa coincidencia en el hecho de que nuestros vecinos, amigos y familiares no tienen, en principio, la menor idea de a qué se dedica un politólogo.
En este sentido, la carrera en sí no nos ayuda mucho: hoy en día, sigue predominando el paradigma neoliberal que busca formar técnicos para el mercado del trabajo. ¿Qué implica esto? En principio, que –a partir de una universidad que se adaptó a las necesidades de las empresas privadas bajo el paraguas del fin de las ideologías-, los politólogos estudiamos “la política” pero no tenemos que practicarla. Ese mecanismo que nos sitúa como un tercero excluido nos condena a trabajar para alguna consultora o escribir artículos que busquen aportar a una ciencia actualmente irrelevante y poco definida. El mensaje oficial es claro: o hacés encuestas o te convertís en una máquina de redactar papers inútiles para una comunidad científica que podría desaparecer de la faz de la tierra sin que casi nadie se inmute. Con esa perspectiva, algunos buscan escaparle al falso academicismo y se refugian –si tienen suerte o algún conocido- en el rol de técnico estatal o en el área de relaciones internacionales.
¿Una carrera universitaria, o un curso de 5 años para ser licenciado?
Entre todas las peculiaridades que tiene nuestra carrera, se destaca aquella que la ubica como una de las pocas de toda la universidad que no requiere tesis ni prácticas pre-profesionales para recibirse. Por más increíble que suene, cualquier estudiante de Ciencia Política que termine de cursar las 18 materias obligatorias, las 4 optativas, los 2 seminarios y los 6 niveles de idiomas, puede sentarse tranquilamente a esperar que le entreguen su diploma.
Por otra parte, materias históricamente anuales fueron comprimidas en un cuatrimestre a la vez que se les redujo su carga horaria (los ejemplos más claros son Historia Contemporánea o Teoría Política y Social I y II), lo que las terminó convirtiendo en una carrera contra el reloj para leer toda la bibliografía que podamos, con el objetivo principal de aprobar. Lo que se pierde de vista es que está en juego la aprehensión de procesos y pensamientos vigentes que son herramientas fundamentales para pensar nuestra realidad y actuar en ella.
Como si fuera poco, la insuficiente cantidad de metodología que se ve en la cursada (y la manera superficial y esquematizada en que se enseña) implica que, en caso de querer hacer un doctorado, maestría o posgrado, no vamos a contar con las herramientas suficientes para hacerlo. Tampoco se nos piden prácticas u horas de investigación (como pasa en Sociología), lo que, en muchas ocasiones, la convierte en un curso de varios años donde los estudiantes asistimos a la facultad sólo para cursar y rendir exámenes, sin tener practica en investigación y producción propia que nos pueda ayudar como cientistas sociales.

En busca de la Junta de Carrera perdida
Desde que el sociólogo Jorge Mayer (Alternativa Académica) gobierna la carrera (junto con la complicidad de los consejeros estudiantiles de la UES), la junta de carrera se convirtió en un ámbito de negociación entre estas agrupaciones para tratar de conseguir la mayor cantidad de profesores y graduados que les aseguren el voto cada dos años y poder así mantener el statu quo de la actualidad. Una de las expresiones más claras de esto es el momento en el que, a fin de año, se debe elevar al Consejo Directivo de la Facultad la propuesta de optativas y seminarios. Desde hace ya mucho tiempo, sin ningún criterio claro, más que la arbitrariedad de los funcionarios enquistados en la gestión de la carrera y sus prácticas clientelistas, se intentan borrar de un plumazo materias y reducir módulos (verano, primer y segundo cuatrimestre), llegando incluso a intentar eliminar del mapa dos orientaciones enteras de la carrera (Política Latinoamericana y Teoría y Filosofía Política). La Asamblea Interclaustros de Ciencia Política (que, como el vitel thoné, sólo aparece a fin de año) logró impedir la materialización de algunos de estos acuerdos, pero dio sobradas muestras de incapacidad a la hora de construir un espacio político que pueda despertar a la carrera del actual letargo en que se encuentra.
Por todo esto, estamos convencidos de que es fundamental reconstruir una Junta de Carrera que realmente piense y actúe en función de los intereses del país, la carrera y sus estudiantes, dejando de lado las mezquindades.

Teoría Polìtica: Colonización y después
En la carrera de Ciencia Política en particular y en la Facultad de Ciencias Sociales en general, el gran ausente es el Pensamiento Político Argentino y Latinoamericano. Son muy pocas las cátedras que nos muestran que en Nuestra América también hubo intelectuales que pensaron “lo político”, combinando permanentemente la teoría y la praxis. Es claro que para un politólogo es muy importante leer a Platón, a Weber, Marx o Foucault, pero esa formación que nace en el continente europeo necesariamente debe ir de la mano con una historia propia que nace desde lo profundo de nuestro continente y de sus luchas. Si queremos conocer el pensamiento vivo de hombres que marcaron el destino de nuestro pueblo, como Moreno, Bolívar, Mariátegui, Scalabrini Ortiz, el Che, Cooke o Jauretche, tenemos que meternos en ese pantano de contenidos y categorizaciones que hoy es la oferta de optativas y seminarios. Por eso creemos necesario incorporar a la formación de todo politólogo el pensamiento político argentino y latinoamericano, para romper con el colonialismo intelectual y poder ver la realidad y actuar sobre ella con nuestros propios ojos.

Cambiar la carrera para pensar un país
Por todo lo que venimos diciendo, creemos que es necesario la reforma del Plan de Estudios para poner la carrera en función de un pueblo que reclama a gritos un movimiento político de liberación. América Latina, y fundamentalmente la Argentina, son un debate ausente a lo largo de la carrera: en aquellas materias donde no son obviadas, se las analiza desde la óptica de historiadores formados en escuelas eurocéntricas, y el pensamiento que durante cientos de años brotó de nuestra tierra es tomado como una disputa entre incivilizados que no conocían las bondades del positivismo científico.
Por eso es necesario en primer lugar la reconstrucción y masificación de una Asamblea Interclaustros de Ciencia Política que funcione permanentemente como un espacio político amplio de debate y acción para cambiar esta realidad, sin estar escindida de los estudiantes, docentes y graduados a través de jornadas de discusión y debate. Creemos fundamental la presencia de consejeros estudiantiles que estén al servicio de este cambio necesario, construyendo a partir de la unidad en la diversidad, entendiendo que nuestras diferencias nos potencian más de lo que nos limitan, para terminar de una vez y para siempre con esta disciplina que se enmarca por fuera de la acción transformadora y crear una ciencia política del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.




LISTA 26

2 voces:

Florencia dijo...

Hoy deposité mi voto y mi confianza en ustedes, como también lo hice con Pino. Estoy cursando el Cbc de Ciencia Política,y, entre mis prioridades, está recibirme y brindar mi servicio a la ayuda de la recuperación de las tierras de los Pueblos Originarios y ser útil a la sociedad, en función de trabajar por y para el pueblo, y no para una empresa. Pero leyendo e informándome, pude notar cómo la carrera de mis sueños se ha ido deteroriando, y temo que la orientación de Políticas Latinoamericanas desaparezca y deba elegir alguna otra orientación mezquina y genuflexa al sistema. Espero podamos lograr que esto se revierta, y llevar a esta gran universidad a la cumbre otra vez. Gracias, y hasta la victoria siempre!

Mario dijo...

LUCIDA INTERPRETACION DE LA CARRERA , COMPAÑEROS LA MISMA REALIDAD LA VIVIMOS LOS ESTUDIANTES DE CIENCIAS POLITICAS EN LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN MARTIN
DE MAS ESTA DECIR QUE LA CARRERA ESTA ORIENTADA ,A NUESTRO PESAR, HACIA UNA POSICION LIBERAL Y EUROPEISTA
FUEZA COMPAÑEROS

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